Cuando entrenamos nuestra oratoria, una de las principales dificultades comunicacionales que enfrentamos es el autorregistro. No estamos entrenados para reconocer cuáles son nuestras virtudes y fortalezas y, muchas veces, buscamos evitar aún más nuestras debilidades.
En este artículo quiero conversar en detalle sobre ese proceso y detenerme especialmente en uno de los fenómenos más frecuentes de la comunicación verbal: las muletillas al hablar.
Comunicación verbal, no verbal y paraverbal
Cuando hablamos de comunicación asertiva, es innegable mirar tres campos fundamentales de abordaje: la comunicación verbal, la comunicación no verbal y la comunicación paraverbal.
Son tres aspectos de un mismo fenómeno: nuestra comunicación.
Hay personas con una excelente capacidad discursiva, pero que carecen de presencia corporal o de recursos para llevar un mensaje. También hay personas sumamente carismáticas, pero que poseen un mensaje vacuo y con poco impacto.
No se trata de poner uno por encima del otro, sino de lograr que esos tres campos estén en armonía y equilibrio.
Y, como todo equilibrio, está en constante movimiento. En ese movimiento algo puede desbalancearse. Es ahí donde el autorregistro y la autoevaluación se vuelven claves para mejorar nuestra forma de comunicar.
Las muletillas al hablar
En este artículo me quiero detener en un fenómeno particular de la comunicación verbal: las muletillas.
Quien esté libre de muletillas que tire la primera piedra 😅
Bien, creo que estamos todos hablando de lo mismo.
Muchas de las consultas recurrentes que aparecen en mis entrenamientos de oratoria y comunicación tienen que ver, justamente, con las muletillas.
Y déjenme decirles algo:
Las muletillas, por sí solas, no son necesariamente el problema.
En 2024, un grupo de investigadores creó discursos con distintas cantidades de muletillas y comparó cómo eran evaluados los oradores.
Trabajaron con cuatro condiciones:
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0 muletillas por minuto
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2 muletillas por minuto
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5 muletillas por minuto
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12 muletillas por minuto
Además, diferenciaron entre sonidos de relleno como “um”, “uh”, “eh” y palabras o expresiones utilizadas como relleno.
¿Qué encontraron?
A medida que aumentaba la cantidad de muletillas, especialmente los sonidos de relleno, empeoraba la evaluación del orador en distintas dimensiones.
El deterioro se hizo especialmente evidente cuando aparecían 12 muletillas por minuto.
En cambio, una frecuencia baja, de hasta 5 muletillas por minuto, no produjo un deterioro significativo en la efectividad percibida del orador.
Entonces, el problema no es necesariamente una muletilla aislada, sino su frecuencia, su automatización y cuánto empieza a interferir con el mensaje.
Y acá se abre un nuevo escenario de posibilidades.
Porque después de poder registrar cuál es mi punto de partida, el siguiente paso es el entrenamiento, la práctica y la iteración como claves para elevar nuestro nivel comunicacional.
Si tuviera que trazar una línea de trabajo o algunas etapas por las que transitar, se vería algo así:
Conciencia → detectar el patrón → incorporar silencio estratégico → reemplazar relleno por pausa → volver a medir.
Las muletillas no dejan de ser recursos que utilizamos, no siempre de manera consciente, para alcanzar cierta expectativa o resultado en un momento determinado.
Es nuestro cerebro buscando respuestas.
Es nuestro cerebro repitiendo patrones aprendidos.
Es nuestro cerebro diciéndonos en voz alta: acá hay trabajo por hacer.
Pero siempre desde un lugar constructivo y posibilitador, con el objetivo de ser más asertivos y estar en coherencia con nuestros procesos y con aquello que queremos lograr.