Qué difícil es pensarse hoy en día sin la IA. Qué difícil es pensarse hoy en día en realidad. En un mundo "del hacer continuo" no hay mucho tiempo "para poder ser".
Y eso abre un sinfín de reflexiones, pero vayamos solo con una esta vez.
Dejame que te traiga un ejemplo de esto.
Hace un tiempo que vengo acompañando a profesionales y líderes de organizaciones a mejorar su comunicación y a preparar discursos para potenciar su presencia ejecutiva, liderazgo e impacto.
Particularmente, el otro día me encuentro con una profesional en una sesión y, en el avance de su armado, había trabajado mayoritariamente con la IA para poder generar el contenido de su presentación.
Y esto, sin dudas, genera un dilema: ¿hasta dónde es cosa mía y hasta dónde no? ¿Hasta dónde lo extremadamente correcto puede ser algo de impacto para alguien?
Y la puse en el desafío de generar y cocrear juntos esa presentación sin el atajo de la IA. No por capricho, sino para que pudiera internalizar idea por idea, momento por momento.
Y genera cierta resistencia esa preparación. Pero, mirándolo en perspectiva, el armar y desarmar el discurso, el darlo vuelta, el leerlo, el ver que no tiene sentido, el agregarle o quitarle, es, de alguna manera, parte de ese amasado necesario hasta llegar a internalizarlo de tal forma que pareciera que ya te nace de los poros.
La IA es útil y ya no podemos pensarnos sin ella. Pero hay ciertas situaciones y momentos donde debemos pararnos en la incomodidad del tiempo real, poder habitarlo, ser analógico-digital.
Porque pareciera que, si no usamos IA, somos analógicos: el tiempo pasa más lento y la sensación de que estamos perdiendo productividad crece más y más.
Volviendo a ese ejemplo, la conclusión fue que esa profesional pudo traerse, pudo humanizar sus palabras, traer ejemplos reales, sentirlos, hacerlos experienciales.
Porque, al fin y al cabo, los que nos escuchan no quieren sermones ni discursos perfectos, sino ver la imperfección y el valor de una historia que vale la pena ser contada.
Poder contar historias con el único objetivo de generar movimiento, aunque muchas veces ese movimiento sea quedarse quieto.