Leíste libros, viste videos, hiciste cursos… y a la hora de hablar, nada cambió. No es falta de información: es falta de experiencia. Te cuento por qué.

Hace un tiempo terminé de leer Muchas vidas, muchos maestros (1988), de Brian Weiss, y me encontré con esta frase:

"La experiencia es necesaria para añadir crédito emocional a la comprensión intelectual."

Me quedó dando vueltas porque me resultó muy aplicable al mundo de la comunicación y a la vida en general, sobre todo en esta época de sobreinformación.

Preguntas que seguro te hiciste

"Experiencia vs información" es un combo que abre muchas reflexiones. En este artículo quiero detenerme en tres.

1. Somos una sociedad infoxicada

"Infoxicación" es la intoxicación por exceso de información. En un mundo globalizado, interconectado y saturado como nunca antes, con tanto contenido disponible todo el tiempo, queda poco lugar para el vacío creador: ese espacio en el que uno puede hacer algo con lo que aprendió, hacer algo con uno mismo.

Necesitamos ese espacio para experimentar. Esa hoja en blanco para crear, para equivocarnos, para desarrollar una habilidad que solo puede darse en el hacer, en la acción propiamente dicha.

Te confieso algo: siempre sentí curiosidad por aprender, y muchas veces caigo en el acopio de PDFs, archivos y cursos que terminan siendo solo eso. Un acopio sin lectura, sin impacto, sin cuerpo. ¿Te pasa?

2. Lo que dice la ciencia: recuperar enseña más que releer

La psicología del aprendizaje lo confirma. En un estudio clásico, un grupo de estudiantes leyó un texto y después tuvo que recordarlo por escrito, mientras otro grupo lo releyó varias veces. Una semana después, los que habían practicado recordar retenían bastante más (56% contra 40%). (Roediger y Karpicke, 2006, Psychological Science)

Leer y releer da una sensación de dominio, pero es engañosa. Lo que consolida el aprendizaje es hacer algo con la información: recordarla, aplicarla, ponerla a prueba.

En comunicación esto es todavía más evidente. Podés leer todo sobre cómo manejar los nervios, pero la habilidad aparece cuando te parás frente a otros y lo atravesás. Una y otra vez.

3. Incorporar: ponerle cuerpo a lo que sabemos

Desde hace un tiempo intento incorporar conscientemente lo que aprendo. Me gusta la palabra porque viene del latín in corpore: en el cuerpo. Incorporar es llevar la información al cuerpo, a la acción, a la emoción.

Y acá vuelve la frase de Weiss, con una pregunta que me hago seguido: ¿cuánto crédito emocional nos damos? Cuando una práctica se repite de forma coherente, focalizada y bien acompañada, se construye una base emocional que hace que ese conocimiento perdure en el tiempo. Sin esa base, la información se queda en la cabeza y se olvida.

Por eso, en lugar de sumar más información, muchas veces el desafío es decir que no: ¿a qué hábitos saturadores tenemos que decirles basta para poder tomar conciencia de nuestras emociones y, por lo tanto, de nuestras acciones?

Cómo pasar de la información a la experiencia

  1. Regla de una idea: cada vez que leas o veas algo sobre comunicación, elegí una sola idea y aplicala esa misma semana.
  2. Explicalo con tus palabras: después de leer algo, contáselo a alguien o grabate explicándolo en 2 minutos. Si no podés, todavía no lo aprendiste.
  3. Menos acopio, más uso: antes de descargar otro PDF o anotarte en otro curso, preguntate qué hiciste con el anterior.
  4. Buscá situaciones reales: una reunión, una presentación interna, una conversación pendiente. La experiencia no se simula del todo.
  5. Pedí devolución: la experiencia se vuelve aprendizaje cuando la revisás con alguien que te ayuda a ver lo que vos no ves.

Encontrar el equilibrio

Releo la frase de Weiss, escrita hace más de 30 años, y cada vez me hace más sentido. Uno de los grandes desafíos es encontrar el equilibrio entre información y experiencia: ponerle cuerpo a la teoría, emoción a las historias y creatividad a la acción. Probablemente no nos convirtamos en maestros (o sí), pero vamos a estar siendo coherentes con nuestro ser y con nuestra esencia.

Te dejo una pregunta: ¿qué sabés sobre comunicación que todavía no pusiste en práctica? Te leo.

Si querés transformar lo que sabés en experiencia, en mis entrenamientos en oratoria la teoría es lo mínimo: la mayor parte del tiempo practicamos sobre tus situaciones reales. Escribime por WhatsApp y lo conversamos.